El primer hombre que escaló el K2 en 1954, y encargado de tomar las decisiones en altura, falleció el 13 de mayo en el hospital de Aosta. Recibió

Achille Compagnoni, falleció
a los 94 años
El 31 de julio de 1954 Achille Compagnoni y Lino Lacedelli ponían sus pies por primera vez sobre la montaña más deseada del mundo. En realidad, Italia entera, todavía rota por los efectos de la sincultura del fascimo y la brutalidad de
Escalado el Annapurna por Francia en 1950, el Everest por
Descorridas las cortinas de los días de gloria, durante más de 50 años los sucesos escondidos causaron una honda y larga polémica. El abandono de Bonatti y Madhi en un vivac del cual lo más normal es que no hubieran salido vivos, la acusación por parte de Compagnoni y Lacedelli de que Bonatti había consumido parte del oxígeno de las botellas que transportaba con el hunza y por eso se les había acabado antes de llegar a la cima, varios juicios en los tribunales…
Después del K2
Compagnoni, recibió
Los últimos días del K2
Los días peores y el mal tiempo pasan. Superan
Diez días de trabajo titánico después, han conseguido superar
Allí, escribe Bonatti en Montañas de una vida, Compagnoni –a quien describe como bastante agotado–, le dijo: “Si mañana en el campamento 9 sigues en forma quizá tengas que ocupar el puesto de uno de los dos”. Por su parte Bonatti asegura que se debatía entre la evidencia de tener que sustituir a Compagnoni en su papel de abrir vía al C9 y el temor de que, en su lugar, no consiguiera transportar la carga a dicho campamento. Con el tiempo, Bonatti será acusado de poner en peligro la vida de Madhi con tal de subir él a cima.
Compagnoni no hace la mínima mención a este momento en su relato original. El día 30, está con Lacedelli a las 3 de la tarde con la tienda instalada “casi a
A esa hora, Bonatti, Abram y el único hunza en condiciones de ayudar, Madhi, están todavía lejos de alcanzarles. Abram se baja y la noche se cierra antes de que, por segunda vez, consigan cruzar unas palabras con los compañeros de arriba. Si antes ya había divergencias, la historia va a separarse radicalmente. Pero aún hay algo en lo que coinciden ambas versiones: era una temeridad subir de noche desde el punto donde Bonatti y Madhi vivaquearon y dejaron la carga de oxígeno –lugar hasta donde al día siguiente Compagnoni y Lacedelli tuvieron que bajar para continuar a cima por otro camino–, hasta el sitio del C9.
Sobre la conversación a gritos hay una fuerte controversia. Bonatti está convencido de que los de arriba entendieron perfectamente que no estaban en condiciones de bajar. Y eso significa que les dejaron que se las arreglaran solos cualquiera que fuera su decisión. Lacedelli y Compagnoni aseguran que creyeron que seguirían sus instrucciones de dejar el oxígeno y bajarse. Para ellos fue toda una sorpresa comprobar que alguien había pasado la noche al raso. Lo supieron a la mañana siguiente, cuando descendían a por las botellas de oxígeno y vieron que alguien bajaba hacia el campamento 8.
Esta historia, en lugar de quedar zanjada tal vez como habría querido Bonatti, con una disculpa en el campamento base –y, por supuesto con otra versión de la historia escrita–, se fue enrareciendo con el tiempo y con unos juicios que le fueron dando la razón sobre diversas acusaciones como la de haber consumido el oxígeno de las botellas.
A continuación, Lacedelli y Compagnoni siguieron penando hacia cima. Lacedelli superó a más
Sufrieron para subir, no cabe duda, y sufrirán la bajada. Eso es heroicidad. Ese día de cima padecieron la tensión de abrir vía, de caerse sin consecuencias más por fortuna que por otra cosa, de no comer ni beber nada salvo una píldora de simpatina, la única vez que recurrieron a un estimulante (luego tomarán un trago de coñac que se les sube a la cabeza). Sus dedos ya habían ennegrecido cuando se encuentran con los compañeros en el C8. No sólo a Achille, también a Madhi le tendrán que amputar. Terminaron una guerra, comenzaba otra.

Achille Compagnoni negotiating the black rocks, located between camps 6 and 7 on K2 in 1954.
Photo by arch. Lino Lacedelli